sábado, 17 de noviembre de 2007

Vd. perdone, Sr. Atracador. Capítulo 2

Nota: Este blog sólo tiene como fin pasar un buen rato y satirizar las experiencias vividas. El peligro del atraco fue real, sigue siendo real. No pretendo frivolizar cuando hay compañeros de banca y personal de seguridad, que padece secuelas físicas y psíquicas permanentes tras un atraco, compañeros asesinados por estos criminales cuando se encontraban simplemente en su puesto de trabajo, escasamente protegidos por las pésimas medidas de seguridad que en la mayoría de los casos tienen como objeto proteger el dinero, no las personas.
Y ahora sigamos con las peripecias de Lucía:
Tras el atraco, fui llevada por la policía a la comisaría, donde mientras Pakito ponía la denuncia, yo me hartaba de ver fotos en los archivos policiales, hasta que reconocí a mi atracador educado. El otro me costó un poco más (jejeje, soy miope y presumida, lo que no favorece mucho mi deseo de llevar gafas).
Tras unos días fui llamada a una rueda de reconocimiento, como las de las películas, con espejo incluído. En la recepción de la comisaría dos simpáticos policías vestidos de paisano se dirigieron a mí para preguntarme qué deseaba. Les expliqué para qué había sido citada y me indicaron dónde tenía que acudir.
Entré con el sargento y la abogada del acusado en una habitación pequeña con un gran cristal a través del que se veía una sala en ese momento vacía. Esperamos durante unos diez minutos, hasta que me pidieron que mirase por el cristal. En la otra habitación había tres personas, una de ellas mi atracador favorito. No podía creerme lo que estaba viendo.
La abogada sacó una carpeta, un bolígrafo y una grabadora. El sargento me decía que me tranquilizase, que no pasaba nada, que no podían verme, que en ningún momento me sintiera en peligro, que todo estaba controlado, que...Yo no podía oírle, seguía embobada mirando a los tres tipos, intentando que no se notara mi estupefacción.
Y llegó el momento. El sargento me preguntó:
-¿Puede usted identificar al atracador?
-Por supuesto.
-¿Con total seguridad?
-Sí, señor, con absoluta seguridad.
-Y bien, ¿cuál de los tres es el atracador?
-Con absoluta seguridad el atracador es la persona que se encuentra en el centro.
-¿Y por qué está usted tan segura?
-Porque los otros dos son los policías que me atendieron en recepción.
Los gritos del sargento se oían por toda la comisaría. Entró en la sala contigua acordándose de la madre de todo el mundo, gritando como un poseso, cogió de las pecheras a los policías mientras repetía "menudo par de inútiles". La abogada apagó la grabadora y guardó sus enseres entre carcajadas. El atracador fue sacado del habitáculo por un policía uniformado y el sargento aún con las pecheras cogidas de sus compañeros me decía desde la otra habitación con cara de circunstancias:"Lo siento señorita, la rueda es inválida por razones obvias, será citada más adelante".
Si esto fuera un capítulo de la serie de "Los hombres de Paco", parecería una ficción de los guionistas, pero señores, fue real, muy real.

1 comentario:

... dijo...

¿Tu atracador favorito? xDDD eso de "atracar" por estos lares es otra cosa ah! xDDDDD

Saludos pakito malaleshes