miércoles, 14 de noviembre de 2007

D. Antonio o la fuerza de las palabras

Era abogado, rechoncho, pequeño, con cara de pekinés cabreado. Su imperturbable mal genio hacía invisible todo lo descrito, era su rasgo más definitivo, su marca de la casa.

Acudió a la oficina con su porte habitual, y me dijo:
-Vengo a pagar este recibo.
-Muy bien, D. Antonio. ¿En efectivo o por cuenta?
-¿Está Vd. sordo?
-Pues hoy no, la verdad.
-He dicho que vengo a pagar este recibo.
-Muy bien, y yo le he preguntado si quiere hacerlo en efectivo o por cuenta.
-(Entre dientes) Menudos inútiles hay en este banco...(En tono considerablemente alto) A ver cómo se lo tengo que decir, que qui-e-ro pa -gar es-te re-ci-bo.
-Sí, si uno es lento,quizá, pero no sordo. ¿En e-fec-ti-vo o por cu-en-ta?
-Quiero hablar con dirección, esto no tiene nombre. Es usted un inepto, un cretino, un inculto. Pero, obviamente, un empleaducho de banca como usted no puede en la vida llegar a mis registros lingüísticos. Soy un abogado, un prestidigitador de la palabra y nunca estará a mi altura, exijo como cliente que seleccionen un personal más cualificado para desempeñar este puesto, exijo...
-(Bufando como un toro, con las nariches hinchadas, del tamaño de una manzana) Cierto, cierto D. Antonio, debe usted disculpar a este banco que elige gente como yo, y que provoca que no nos encontremos a la misma altura en el dominio de la lengua. Es por eso, y porque soy licenciado en filología hispánica, que le ruego que a partir de este momento se dirija a mí exclusivamente por escrito.De esta manera podré mantenerme en el registro lingüístico adecuado al suyo, y nuestra comunicación será más efectiva.Incluso mis oídos, más susceptibles de ofenderse que mis ojos, no volverán a pasar por una experiencia como esta de absurdos insultos.

Don Antonio, sorprendido y un tanto humillado, me entregó el recibo para que lo pasara a mi libre albedrío. Desde ese momento, toda nuestra comunicación se redujo a notas con sus peticiones. Sin embargo, mi ego no se hallaba lo suficientemente satisfecho, hasta que un día tuve la oportunidad de alimentarlo, y bien.

En su nota, el leguleyo me solicitaba el ingreso en su cuenta de un cheque bancario, pero no exactamente así expresado. En el mismo papel mantuvimos esta pequeña charla:
"Le pido disculpas por la demora que esto le pueda suponer, pero he de salir urgentemente a la librería más cercana a comprar un diccionario"
D. Antonio: "¿Y eso por qué?"
Yo, Pakito: "He de reconocerle que en esta batalla usted ha ganado. Me quito el sombrero ante su dominio lingüístico. No soy capaz de reconocer, entender o interpretar esta frase : para su habono en cuenta."

Con un gesto que me hizo suponer que se había dado cuenta de su error ortográfico, arrugó el papel y se dirigió al director para que le hiciera el "habono en cuenta". Tuve que esconderme en el archivo hasta que se me pasó la risa... bueno... aún me dura.

Pero en su favor, debo decir que años después cuando volvimos a vernos en otra oficina, me solicitó dirigirme de nuevo la palabra, lo que acepté encantado, y durante los meses que duró nuestra nueva relación comercial, encontré que era una persona afable, de interesante conversación, que toda su apariencia y su comportamiento no eran más que una pose de su oficio, hasta tal punto que me agradeció la lección de humildad.

1 comentario:

... dijo...

Jajajajajaja que malaleche eressssssssssssssssssssssssss jajajaja ! "habono" no?? jajaja.. me recuerda un amigo que tenía q firmar un documento. En vez de Halcón puso "Alcón". ¿Pero por qué demonios escribes así? "Es que, es un halcón tierno pes...no lleva H" xDDDD