Así es como llamo a esos días que intuyo desde que me levanto. La opción racional es no hacer caso a esa intuición y confiar en que sólo es una manía. La opción no racional en este caso siempre es la mejor y la que nunca sigo: darse media vuelta en la cama, taparse hasta las orejas y no salir ni a asomarse a la ventana.
Pero como ya he dicho, no la sigo, así que éste fue un día negro.
7:15 a. m. Golpe trasero en el coche. No fue mucho, pero asustó. O bien sin saberlo fui parte de un nuevo experimento Filadelfia que me volvió invisible, o bien este buen señor tuvo un despiste del carajo.
8:00 a.m. Comienzan las obras en la oficina con las molestias normales, ruido, polvo, etc. Hasta que se cargan el router y se vienen abajo todos los ordenadores.
8:30 a.m. No se abre la caja fuerte.
9:00 a.m. Cinco clientes gritando porque no hay dinero para sus reintegros.
9:30 a. m. A pesar de tener la oreja fría intentando oír los relojes del retardo.Ni un leve susurro, la caja no se abre.
10:00 a.m. Salgo raudo y veloz a otra oficina a buscar algo con lo que contentar a las hordas hambrientas de billetes.
10:15 a.m. Me pierdo.
10:20 a.m. Sigo perdido, me desespero, me encuentro.
10:25 a.m. NO encuentro aparcamiento cerca de la oficina.
10:35 a.m. Aparco en el parking cercano de un centro comercial donde Cristo dió las tres voces.
10:55 a.m. Por fin salgo con el dinero, cojo el coche, siento la extraña sensación, casi certeza, de un intento de asalto en el parking subterráneo, me chupo un inexplicable atasco de tres pares, llego a mi oficina, NO encuentro aparcamiento.
11:10 a.m. Mi jefe me hace la ola, y me dice que estaba a punto de poner un pregón. Mucho cachondeo y muchas ganas de morderle un ojo.
11:20 a.m. Los insignes albañiles se cargan la instalación eléctrica. A la mierda el fax, los ordenadores y la radio, mi querida radio snifffffff.
11:45 a.m. Nos quedamos sin teléfonos.
12:00 ¿a.m. o p.m.? El dolor de cabeza me taladra los sesos, ni siquiera veo bien.
12:10 p.m. Aparece un cliente conocido, le pregunto ¿tienes prisa? No, contesta. Pues vámonos, le indico.
12:25 p.m. Después de convencer a mi amigo de que teníamos que ir a un bar determinado (no, yo no tenía buenas intenciones, quería ir a ver al dueño del bar a colocarle un par de operaciones de conveniencia) y dar más vueltas que un tonto para encontrarlo, el bar estaba cerrado.
12:30 p.m. Encontramos una cafetería aparente, tomamos un refresco, le invité a un Ibuprofeno que rechazó amablemente y hablamos sobre el sentido de la vida (juas juas).
12:45 p.m. De vuelta en la oficina, nada más aposentar mis posaderas en mi sagrada cátedra, el jefe con cara de malos humos sale de su despacho para decir: "La próxima vez no tardes tanto que hay mucha gente", y sí, había mucha gente en ese momento que supongo que oyó perfectamente la amable indicación. Sopesé contestar delante de esa improvisada y agradecida asamblea de oyentes, pero decidí callar, tragarme la mala leche que me hinchaba cual chinche y seguir aguantando, ya llegaría el momento.
13:00 p.m. El compañero de ventanilla, como San Pedro, por tres veces me negó. Fue a discutir, y fuerte, con el cliente con más dinero de toda la oficina. Sí, ya sé, es nuevo, no conoce a los clientes, no me conoce a mí, pero estoy mal acostumbrado. Con una mirada, un gesto, normalmente entienden que hay que callar, que me lo dejen a MÍ. Por TRES veces le mandé callar, por TRES veces siguió despotricando, por miles de veces se me pasó por la cabeza la frase: "Voy a cancelar mis cuentas".
13:20 p.m. Tengo que mediar entre dos clientas enzarzadas por un "quítate ya de la mesa que llevo esperando quince minutos a que me toque". Acabaré poniendo una tira de números como en las pescaderías. Qué triste.
13:59:59 p.m. Cierro la puerta de entrada, y nada más volver la espalda, oigo esos golpes metálicos y salvajes en el agarrador que me eneeeeeeerrrrrrrvan. "Oiga, que por mi reloj falta un minuto" "Pues señora, por el mío no, y es el que manda, así que será que he abierto un minuto antes" "Pues esto no va a quedar así" Sí, señora, queda así cerrado a cal y canto, que ,como dice una compañera (aunque para mí no sea la frase más acertada) hoy ya no tengo el chichi para ruidos (o farolillos, tiene las dos versiones).
La hora siguiente fue de mayor quietud y de mayor lentitud, el tiempo no pasaba, las tres no llegaban, el dolor de cabeza seguía y seguía. A las tres en punto, no era día para demorar, tomé una bocanada de aire fresco justo en la puerta, me apresuré al coche, puse un cd de ACDC (qué raro suena), grité lo que me dió de sí la garganta y puse rumbo a mi casa, mi refugio, mi hogar, mi cuartel de invierno (y de verano... bueno, de toda estación). Una vez en casa, salí del modo bancario y me puse a pensar, absorto y triste, mientras miraba a mi perro en cuánto me desconciertan los gatos...
1 comentario:
miau >^..^< =^..^=
xDD
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