viernes, 16 de noviembre de 2007

Vd. perdone, Sr. Atracador. Capítulo 1

Era una maravillosa mañana de julio, los pájaros estaban achicharrados de calor, no había quien soportara el sol que entraba por las ventanas y los clientes tenían el malhumor propio de aquél que no para de sudar ni debajo del agua.

Así que todo perfecto. Estábamos esperando unas estanterías metálicas para intentar poner algo de orden en el caos del archivo, que nos aseguraron (jajajaja ilusos) que nos servirían ese mismo día. Sobre la 1 de la tarde apareció un enorme personaje (1,92m) ataviado con el batín azulón propio de los mozos de almacén del banco. Y he aquí que pensé: ¡por fin, las estanterías! Así que le franquée el paso con el pulsador de la exclusa. En ese momento sólo había tres clientes, Lucía en ventanilla y yo. En cuanto entró el sujeto, metió la mano en el bolsillo del batín, e intuí que algo no iba bien porque:


1.- Otro individuo (1,60m más o menos, qué extrañas parejas hace el delinquir) aprovechó la puerta abierta para colarse detrás, increíblemente también echando mano al bolsillo, y

2.- De ambos bolsillos salieron sendas pistolas (eso me hizo sospechar, y mucho)


Después del típico bla,bla, esto es un atraco, bla,bla, quietos paraos, bla,bla... el gigante azulón fue a ventanilla, y desde aquí paso a relatar la extraña experiencia de Lucía. (Excepcionalmente, soy Lucía, lo digo por que se me colará algún error de género, típico de Pakitos)

...Estaba en el recinto de caja, acababa de abrir la puerta de la caja fuerte para guardar el dinero del último ingreso, cuando vi acercarse a un hombre muy alto hacia mí. Pensé que era raro, porque las estanterías tenían que estar en el archivo, pero seguí a lo mío. De repente noté que algo me oprimía la parte baja de la espalda, a un lado, por lo que incrédula miré al tipo y le exclamé :"Oye, guapo, ¿qué leches haces?". A lo que él me contestó algo ininteligible. Tras ver que no me enteraba de nada y que lo siguiente iba a ser un guantazo, me dijo: "Mira lo que tengo ahí". Asombrada y sorprendida por la proposición, miré y pude contemplar una hermosísima pistola negra apoyada sobre mí. En ese momento, si me lo hubiera pedido, hasta el apellido creo que le hubiera dado.


Me preguntó por la pasta, me dijo que no me preocupara, que estuviera tranquila, que nada me pasaría, pero que le diera la pasta. En un segundo contemplé la escena a mi alrededor, el otro atracador fuera apuntando a un cliente a la cabeza y mi nuevo amigo apúntandome a los riñones. Y di gracias a Dios por no tener que esperar los diez minutos de retardo de la caja fuerte.


En realidad era una cámara acorazada, con estanterías en su interior, y en una de ellas, a mi altura, estaban pulcramente colocados y empaquetados los billetes.


El señor atracador entró hasta tres veces sin conseguir encontrarlo, nos empezamos a poner nerviosos, hasta que en el último "que dónde coño está el dinero", entré con él de muy mal humor, él con una pistola en la mano y yo con un bolígrafo, para tener esta surrealista conversación:

Yo.- ¿Es que estás imbécil? ¿No ves que está ahí?

Sr. Delincuente.- ¡Ah, perdona! Es que como soy tan alto no lo veía. Por favor, perdona.

Yo.-No, perdona tú, no debería haberte llamado así.

Sr. Delincuente.- No, tranquila, tengo que pedirte yo perdón, es normal que estés nerviosa.

Yo.-No, perdona, no debería ponerte nervioso yo a ti.

Sr. Delincuente.- No, de verdad, esto no me gusta porque sé que la gente lo pasa mal, perdona, por favor

Yo.- No, lo siento, sé que te quieres ir rápido.

Sr. Delicuente.- Ah, sí, claro, lo cojo y me voy.

Y así hicieron. Luego me preguntaban si lo había pasado mal, si me temblaban las piernas, y yo contestaba que sí, por supuesto.

Mentira: un poco más y quedamos para ir al cine. ¡Qué exquisita educación!

1 comentario:

... dijo...

Carajo... hasta cuando te atracan sigues siendo MALALESHE jajajajajajaja

Que buena ah! Por cierto, ¿que pistola era? ¿O un revolver? En fin... ya me lo dirás... saludos.