Pili me ha pasado estas pequeñas memorias.
Durante todos estos años he tenido jefes de lo más variopinto, buenos jefes, malos jefes, jefes que no tendrían que haber sido jefes, jefes que querían ser más que jefes. Vamos a ver si soy capaz de recordarlos a todos (son muchos, buen ejercicio para la memoria).
Adolfo: Mi primer interventor, el saber hacer y el buen humor su bandera. El me enseñó en mis primeros pasos por el banco y se rió de mí una jartá (palabras suyas). Y yo con él, sus chistes han sido los mejores que he oído nunca. Me decía "quilla, que tú vales mucho, ¿qué leches haces en este banco?" Pues de todo, señor mío, a estas alturas hasta he aprendido fontanería.
Carlos: Mi primer director. Este era un poco mosca cojonera, me ponía trampas para darme la gran llorera. Cuando no me faltaban dos millones de pesetas, me llamaba el jefe de personal en persona (infinita redundancia) o había decidido que era la culpable de una estafa. Dios, qué sinvivir.
Ernesto: Segundo director. Este se bebía hasta el agua de los floreros, sin miedo al despido, siempre estaba colocado. En mi puesto tenía una hoja con todos los teléfonos de los bares cercanos, era imposible no localizarlo (sus agencias satélites las llamaba) Pero una gran persona y un gran amigo. Ernesto, donde estés que seas feliz y que San Miguel te haya puesto un grifo de cerveza para toda la eternidad.Ismael: ¿Interventor? La única persona a la que de verdad he odiado en mi vida. No merece más mención.
Antonio: Director, perla rara en este oficio porque no sólo hablaba de banca. Es más ¡ se atrevía con la astronomía la filosofía y la física cuántica! Aún recuerdo su voz, su risa, sus ánimos inquebrantables, su alma buena. Espero que estés con Ernesto y que no sea tan egoísta como para no pasarte alguna caña de vez en cuando.
Juan María: Interventor. Este merece tres blogs. Mi gran maestro, mi referente de citas, mi gran amigo. Suyas son las frases que me abrieron camino en la banca: "A la mujer y al papel hasta el culo le has de ver" (Ya le vale). "No pasa nada y si pasa se le saluda". "Cuando te entren ganas de trabajar siéntate y espera que se te pasen" y otra sarta de sentencias de gran sabiduría. Fue la mejor época, ¡hasta iba contenta a trabajar!. A él no le echo de menos, cuando menos me lo espero parece vestido de alguna increíble guisa para tomarnos un laaaargo café.
Alonso: Interventor. Llevó a mi vida el misterio y el enigma. Cuando pasaba mucho rato sin verlo, el enigma y el misterio eran: ¿A que le ha dado otro ataque al corazón y está descorromoñao encima de la mesa de juntas? Sus extrañas desapariciones eran dignas de un reportaje de Jiménez del Oso. El gran Houdini de la banca, se escapaba y nadie sabía cómo.
Pedro: Director. Entre sus grandes hazañas está la de meternos un clan gitano con escopetas en la oficina diciendo que iban a hacer un estropicio y sin mala conciencia ¿eh?. Aún tengo pesadillas con la posibilidad de aquellas blancas paredes manchadas de sange. Aggggg.
Luis: Interventor. Era como una lechuza, nadie ni nada escapaba a su mirada. Todo absolutamente controlado. Increíble, porque siempre tenía los ojos en el periódico. Siete horas de periódico diarias, siempre pensamos que se iba a presentar al Guiness como la persona que más noticias se sabía de memoria.
Javier: Director. Un pedazo de pan, una excelente persona. Pero... cuando cogía la cintura de su pantalón y se la subía hasta un palmo por debajo de la axila, nos escondíamos porque sabíamos que estaba próximo el advenimiento del gran tsunami de su mala leche reconcentrada. Excelente jefe.
José Miguel: Director. El mayor bromista que he conocido. Había que andar con cien ojos con él, porque tan pronto ponía la alarma a mitad de la mañana para darnos el susto padre, como metía de música ambiental canciones de los Mojinos Escocíos. Repartío motes y los usó de tal manera, que inconscientemente nos llámabamos entre nosotros y ante la incredulidad de los clientes "El Membrillo", "El Carahuevo", "La Chatarras", "El Nosferatu", etc.
Vicente: Director. El "nervios". Consiguió alterar hasta a la fotocopiadora. Corrió mucho para no llegar a ninguna parte. Bueno, sí, al convencimiento de que hay que trabajar para vivir, no al contrario. He de confesar que fue blanco de mis bromas, que fueron muchas y por cierto, muy buenas. Y él ha de reconocer que le aliviaron en gran medida el estrés. A pesar de los desencuentros, amigos.
Fernando: Director. Buena complicidad, buen rollo, buen humor, muchas risas. Eres un gran profesional y sabes disfrutar (jejeje, qué envidia te deben tener algunos).
Celia: Directora. L´enfant terrible. Descarada, franca, sincera, se ríe de su sombra, no se calla ni debajo del agua, sobre todo "si no tiene el chichi para farolillos". Nos juntamos el hambre con las ganas de comer.
Y no se vayan todavía... aún hay más.
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